PSG y Bayern meten miedo al miedo antes del Atleti-Arsenal
París vivió un 5-4 salvaje entre PSG y Bayern que obliga al Atlético a mirar de reojo… sin olvidar que primero toca ganar al Arsenal.
CHAMPIONS LEAGUELUIS ENRIQUEPOST-PARTIDO
Redacción
4/28/20264 min read


PSG y Bayern meten miedo al miedo: el Atleti ya mira de reojo una final que todavía hay que ganarse
La Champions League ha abierto sus semifinales con una de esas noches que explican por qué esta competición engancha tanto. PSG y Bayern de Múnich se han pegado un partidazo absolutamente salvaje en el Parque de los Príncipes, con victoria parisina por 5-4 en la ida, nueve goles, cambios de guion, penaltis, golazos, sustos físicos y una sensación clara: sea quien sea el rival que salga de esta eliminatoria, barato no va a ser.
Y sí, lo primero es lo primero: mañana juega el Atlético de Madrid. Mañana toca el Arsenal en el Riyadh Air Metropolitano. Mañana toca nuestra guerra, nuestra semifinal, nuestra noche grande. Pensar en una hipotética final sin haber ganado antes la eliminatoria sería vender humo del malo. Pero también sería mentir decir que uno no mira este PSG-Bayern con el rabillo del ojo. Porque cuando estás a dos partidos de una final de Champions, es inevitable ver al otro lado del cuadro y pensar: “Madre mía, como pasemos, lo que viene…”
El partido empezó con el Bayern golpeando primero. Penalti sobre Luis Díaz y Harry Kane, como suele hacer Harry Kane, no perdonó desde los once metros. Frialdad absoluta para poner el 0-1 y recordar que el Bayern no necesita dominarte veinte minutos para hacerte daño. Le das una rendija y te la convierte en incendio.
Pero el PSG de Luis Enrique no se escondió. Kvaratskhelia, que tiene ese punto de jugador que parece inventarse cosas en una baldosa, empató con una jugada marca de la casa. Encarar, amagar, salir hacia dentro y definir al palo largo. Golazo. Luego apareció João Neves, pequeñito de estatura pero gigante en el área, para cabecear como si fuera un central de los de antes y poner el 2-1.
El Bayern, lejos de caerse, respondió con un zurdazo tremendo de Michael Olise. Y ahí ya quedó claro que esto no iba a ser una semifinal normal. Era un intercambio de golpes sin casco. Una de esas noches en las que los entrenadores se desesperan, los defensas sufren y los espectadores se lo pasan como niños. Antes del descanso, Dembélé hizo el 3-2 de penalti en una acción protestada por los alemanes. El resultado al descanso ya era de locos, pero la segunda parte todavía tenía más gasolina.
Tras la reanudación, el PSG metió la directa. Primero Kvaratskhelia firmó el 4-2 apareciendo en el segundo palo tras una jugada buenísima de Hakimi. Después, Dembélé puso el 5-2 con un disparo que tocó en el palo antes de entrar. En ese momento parecía que el Bayern se podía ir de París con la eliminatoria medio enterrada. Pero claro, esto es el Bayern. Y el Bayern, incluso cuando parece muerto, todavía te muerde.
Upamecano recortó distancias de cabeza tras una falta colgada por Kimmich y Luis Díaz, con una jugada descomunal, puso el 5-4. Control, recorte, pausa y definición. Un golazo de esos que cambian el estado emocional de una eliminatoria. Lo que parecía una goleada casi definitiva acabó convertido en una ida abierta, preciosa para el neutral y peligrosa para cualquiera que sueñe con cruzarse con uno de estos dos en la final.
Desde una mirada colchonera, la pregunta sale sola: ¿Miedo o respeto? Pues seguramente las dos cosas, pero bien entendidas. Miedo no en plan esconderse debajo de la cama, porque si el Atlético está en semifinales es porque también tiene argumentos para mirar a cualquiera a los ojos. Pero respeto, muchísimo. PSG y Bayern han enseñado colmillo, ritmo, talento y una capacidad brutal para hacer daño. Uno con el caos ofensivo de Dembélé, Kvaratskhelia, Doué, Achraf y compañía. El otro con Kane, Luis Díaz, Olise, Musiala, Kimmich y esa mentalidad alemana de no rendirse ni aunque le estén cayendo cinco.
Quizá, puestos a elegir, alguno podría decir que prefiere al PSG de Luis Enrique. No porque sea fácil, ni mucho menos. De hecho, hoy no ha parecido un equipo con menos hambre. Al contrario: ha parecido un equipo campeón que quiere volver a demostrarlo. Pero es verdad que, después de ganar la Champions la temporada pasada, quizá uno se agarra a esa teoría de que pueden tener algo menos de urgencia histórica que otros. Una teoría bonita para tranquilizarse cinco minutos… hasta que ves cómo te corren, cómo te presionan y cómo Kvaratskhelia te rompe la cintura.
El Bayern, por su parte, es el Bayern. No necesita presentación. Puede estar peor, mejor, con bajas o con media plantilla tocada, pero siempre compite. Y si encima tiene a Kane en modo goleador, a Luis Díaz desatado y a Olise haciendo sufrir a laterales de élite, pues el aviso es claro: con estos no se juega.
Pero todo eso, de momento, queda en segundo plano. La verdadera final del Atlético empieza mañana contra el Arsenal. El Metropolitano tiene que ser una caldera, el equipo tiene que jugar con cabeza, corazón y colmillo, y la afición tiene que empujar como si cada balón dividido fuera el último. Porque antes de elegir hipotético rival, hay que ganarse el derecho a tenerlo.
Eso sí, después de ver este PSG-Bayern, una cosa queda clara: la Champions está preciosa, está salvaje y está para valientes. Y si el Atleti quiere estar en la final, tendrá que hacer lo que mejor sabe hacer en sus grandes noches: competir, sufrir, morder y creer.
Porque miedo, lo justo. Respeto, todo.
Pero primero, el Arsenal.
