Simeone salva los tres puntos en El Sadar, pero no las dudas de un Atlético gris
El Atlético venció 1-2 a Osasuna gracias a los goles de Lookman y Sørloth, aunque volvió a dejar una imagen pobre y superada durante muchos tramos del encuentro. Los rojillos merecieron más ante un conjunto rojiblanco que sigue sin transmitir sensaciones de equipo competitivo en Liga.
ATLÉTICO DE MADRIDPOST-PARTIDO
Redacción
5/12/20263 min read


El Atlético de Madrid salió vivo de El Sadar, pero difícilmente reforzado. El conjunto de Diego Pablo Simeone derrotó a Osasuna por 1-2 en un partido donde el marcador volvió a maquillar muchas de las carencias que arrastra el equipo durante toda la temporada liguera. Los goles de Ademola Lookman, desde el punto de penalti, y Alexander Sørloth permitieron a los rojiblancos sumar tres puntos importantes, aunque el desarrollo del encuentro dejó más preguntas que certezas.
Porque si algo quedó claro en Pamplona es que este Atlético sigue lejos de transmitir la fiabilidad competitiva que se espera de un equipo construido para pelear por objetivos mucho más ambiciosos. Durante amplias fases del choque, especialmente en la segunda mitad, Osasuna fue superior en intensidad, juego y sensación de peligro. El equipo navarro encerró al Atlético, le obligó a defender muy cerca de Musso y solo la falta de puntería de Budimir evitó un desenlace muy distinto.
El partido comenzó con ritmo alto y presión agresiva por parte de ambos equipos. El Atlético encontró pronto el premio tras una acción revisada por el VAR: mano de Javi Galán (Ex jugador rojiblanco) dentro del área y penalti transformado por Lookman en el minuto 15. El tanto parecía abrir un escenario cómodo para los de Simeone, pero ocurrió justamente lo contrario.
Osasuna reaccionó con personalidad. Moncayola y Torró comenzaron a imponerse en el centro del campo, mientras Budimir encontraba constantemente espacios a la espalda de una defensa rojiblanca demasiado insegura. El croata tuvo varias ocasiones clarísimas para empatar, incluida una acción mano a mano tras un error grosero de Koke que terminó fuera por centímetros.
El Atlético, mientras tanto, vivía sostenido por acciones individuales y por el enorme partido de Marc Pubill. El lateral fue, probablemente, el mejor futbolista rojiblanco sobre el césped. Contundente atrás, atrevido en conducción y siempre competitivo, sostuvo al equipo en muchos momentos de dificultad. También apareció Musso con intervenciones importantes, especialmente ante Budimir en la segunda mitad.
Tras el descanso, Osasuna dio un paso adelante definitivo. El Sadar empujaba y el empate parecía cuestión de tiempo. Sin embargo, cuando peor estaba el Atlético, apareció la eficacia que tantas veces le ha salvado esta temporada. Marcos Llorente puso un gran centro al segundo palo y Sørloth, completamente solo, castigó una mala defensa rojilla para marcar el 0-2 en el minuto 71.
Ni siquiera ese gol logró dar tranquilidad al conjunto madrileño. La expulsión de Llorente en el tramo final volvió a meter al Atlético en problemas y Osasuna encontró premio en el descuento gracias a Kike Barja, que aprovechó una acción embarullada dentro del área para firmar el 1-2 definitivo.
El pitido final confirmó la victoria rojiblanca, pero también dejó una sensación difícil de esconder: el Atlético compite por resultados, no por fútbol. Y eso, a estas alturas de temporada, sigue siendo preocupante.
La realidad es que este equipo continúa dejando una imagen demasiado pobre en Liga. Más allá de que alcanzar semifinales de Champions y disputar una final copera pueda considerarse un éxito competitivo, el rendimiento liguero ha estado muy lejos de lo exigible para una plantilla de este nivel. Irregular, vulnerable defensivamente y sin continuidad en el juego, el Atlético ha firmado una temporada doméstica claramente decepcionante.
Aun así, el objetivo debe seguir siendo ambicioso hasta el final. El club tiene la obligación de intentar alcanzar la tercera plaza hasta la última jornada. Acabar cuartos en una temporada liguera tan irregular supondría cerrar el campeonato con una sensación todavía más amarga. Porque aunque Europa haya dejado motivos para el orgullo, la Liga ha sido, sencillamente, insuficiente para un equipo llamado a competir mucho mejor.
