'Aída y vuelta': el inesperado homenaje que devuelve el alma de una serie legendaria

Aída y vuelta no es el regreso que muchos esperaban, sino algo mucho más arriesgado: una mirada entre bastidores a uno de los fenómenos televisivos más importantes de España. Un ejercicio de nostalgia, metacine y emoción que termina convirtiéndose en un regalo para los seguidores de Aída.

RESEÑACINE ESPAÑOL

Guanquer

6/10/20268 min read

Aprovechando mi regreso a Prime Video, tenía claro qué iba a ver aquella tarde. Mi idea era empezar alguna temporada de La que se avecina, una de esas series a las que siempre vuelves cuando no sabes qué poner. Sin embargo, antes de darle al play me encontré con una sorpresa: Aída y vuelta ya estaba disponible en la plataforma.

Era una película que había querido ver en cines cuando se estrenó, pero entre unas cosas y otras nunca encontré el momento. Así que, sin saber demasiado bien qué me iba a encontrar, decidí darle una oportunidad. Lo hice por dos motivos muy sencillos: nostalgia y curiosidad.

La realidad es que hacía años que no seguía de cerca a la mayoría del reparto. A Eduardo Casanova lo había visto recientemente en MasterChef Celebrity; a Pepe Viyuela le recuerdo especialmente por Matadero, una serie que me pareció extraordinaria; Paco León y Carmen Machi han seguido apareciendo en numerosas películas durante estos años, aunque pocas consiguieron entusiasmarme especialmente. Mariano Peña lo vi en Pequeñas coincidencias; David Castillo en una producción protagonizada por Aitana para Disney+; Óscar Reyes en Bajo el mismo techo; y Pepa Rus en trabajos como Gym Tony o La que se avecina.

Quizá la excepción era Miren Ibarguren, una actriz que lleva años demostrando una enorme versatilidad. Me encantó en Anclados, una serie injustamente cancelada, y especialmente como Yoli en La que se avecina, uno de esos personajes capaces de sacarte una sonrisa y ponerte de los nervios al mismo tiempo.

Con todo ese contexto, me senté a ver Aída y vuelta.

La primera decepción... que terminó siendo una gran sorpresa

Cuando comenzaron a surgir los primeros rumores sobre el regreso de Aída, imaginé exactamente lo mismo que muchos espectadores: una película de la serie. Un reencuentro de los personajes, una nueva aventura en Esperanza Sur, una continuación de aquel universo que marcó a toda una generación.

Sin embargo, el tráiler me bajó rápidamente de esa idea.

No era una película de Aída. Era una película sobre Aída.

Los actores no interpretaban a sus personajes habituales, sino a versiones de sí mismos durante el rodaje de la serie. Además, detrás del proyecto estaba Paco León como director y guionista, algo que inicialmente me generó ciertas dudas. Mi deseo era que el regreso estuviera liderado por el equipo creativo original, confiando en que fueran ellos quienes recuperaran la esencia de la serie.

Por eso precisamente la sorpresa fue tan grande.

Al verla sin expectativas, la película terminó conquistándome.

Paco León encuentra el equilibrio perfecto

Desde el primer momento queda claro que estamos viendo una obra profundamente personal. Tiene el sello de Paco León en cada escena, en cada diálogo y en cada decisión narrativa. Pero al mismo tiempo se percibe un enorme respeto por lo que significó Aída.

La película narra distintas situaciones de convivencia entre los actores durante la grabación de la serie. Un retrato del detrás de cámaras donde se mezclan conflictos, inseguridades, egos, tensiones y momentos de afecto.

La sensación es similar a la que producen otras producciones recientes centradas en mostrar la trastienda de grandes fenómenos culturales. Salvando las distancias, recuerda a la serie sobre Chespirito, donde constantemente surge la pregunta de qué ocurrió realmente y qué forma parte de la ficción. En España podría compararse también con Reyes de la noche, aquella ficción inspirada en la histórica rivalidad radiofónica entre José Ramón de la Morena y José María García.

Y ahí reside buena parte de su encanto.

Nunca sabes exactamente qué es real y qué está exagerado o directamente inventado. Hay escenas que transmiten una autenticidad absoluta y otras que parecen claramente dramatizadas. Pero precisamente esa ambigüedad convierte la película en una experiencia muy entretenida, porque invita al espectador a especular y debatir.

Carmen Machi sostiene el corazón de la película

Si hay alguien que brilla especialmente en Aída y vuelta, esa es Carmen Machi.

Su interpretación es sencillamente magnífica.

La película plantea a una actriz agotada emocionalmente por el peso de un personaje que lleva años interpretando. Una mujer atrapada entre el éxito profesional y el desgaste psicológico que supone sostener un fenómeno televisivo de semejante magnitud.

Y es imposible no empatizar con ella.

Personalmente hubo algo de esa historia que me resultó especialmente cercano. Evidentemente salvando todas las distancias posibles entre una actriz de primer nivel y un creador de contenido en internet, pero entendí perfectamente las sensaciones que transmite su personaje.

Hubo una época en la que yo mismo sufrí mucha ansiedad grabando vídeos. Encender la cámara significaba nervios, inseguridad, bloqueos constantes y repetir una grabación una y otra vez. Todo ello mientras intentabas proyectar una seguridad que realmente no sentías.

La película refleja muy bien esa contradicción.

Esa obligación de seguir adelante cuando por dentro estás completamente agotado.

Un acierto de Paco León: no convertirlo todo en una historia sobre él

Otro de los aspectos que más me sorprendió fue la forma en la que Paco León se representa a sí mismo.

En ningún momento intenta convertirse en el héroe de la historia.

De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario.

Su personaje aparece obsesionado con mantener viva la serie, con seguir trabajando y con que la maquinaria no se detenga. Frente a él encontramos a Carmen Machi lidiando con una ansiedad cada vez más evidente. La película incluso sugiere que Paco, cegado por el proyecto, no siempre comprendía la dimensión real de ese sufrimiento.

No sé cuánto hay de verdad en ello. Probablemente nunca lo sabremos. Pero resulta admirable que el director se permita aparecer bajo una luz poco favorecedora si eso beneficia al relato.

No es una película para todo el mundo... pero sí para muchos fans

Aquí conviene hacer una advertencia.

Si lo que buscas es simplemente volver a ver a Luisma, Barajas, Mauricio o Aída encadenando chistes durante hora y media, puede que esta propuesta no sea exactamente lo que esperabas.

Aída y vuelta habla más del oficio de actuar, de la creación artística y de las personas que existían detrás de aquellos personajes.

Es una película que reflexiona sobre el éxito, el desgaste emocional y el paso del tiempo.

Ahora bien, si además de gustarte Aída sientes curiosidad por conocer cómo funcionaba aquella maquinaria televisiva, entonces probablemente la disfrutarás mucho.

Yo la recomiendo sin ninguna duda.

No se hace pesada, mantiene el interés durante todo el metraje y encaja perfectamente en una tarde tranquila de sofá y plataforma de streaming.

El regalo final que ningún fan debería perderse

Y entonces llega el momento más especial de toda la película.

Durante buena parte del metraje vemos a los actores grabando distintas escenas para la serie. Son pequeños fragmentos que aparecen dispersos entre la trama principal.

Lo que uno no espera es lo que sucede al final.

Cuando termina la película, Aída y vuelta regala a los espectadores un auténtico episodio inédito de Aída, construido precisamente con todas esas escenas que hemos ido viendo durante la narración.

Un capítulo de aproximadamente veinte minutos que funciona como un broche perfecto.

Eso sí, hay algo importante que decir: ese episodio debe verse después de la película.

Recuerdo que mucha gente quería saltarse directamente el largometraje para ir al capítulo. Puede hacerse, claro, pero pierde gran parte de su sentido. Sin el contexto previo, parece simplemente un episodio más. Después de ver la película, en cambio, adquiere un significado completamente distinto.

Y funciona.

Un fan service hecho con cariño

Quizá la mejor definición posible para Aída y vuelta sea la de un fan service realizado con inteligencia y respeto.

A diferencia de otros regresos recientes que viven exclusivamente de la nostalgia, aquí existe una verdadera intención de contar algo.

De hecho, la comparación con Torrente resulta inevitable. En mi caso acudí a aquella película impulsado por el recuerdo de una saga que había disfrutado mucho años atrás, pero terminé encontrándome con una sensación de agotamiento creativo.

Con Aída ocurre justo lo contrario.

No recupera a los personajes para exprimirlos una vez más, sino para reflexionar sobre ellos y sobre quienes les dieron vida.

Y cuando finalmente vuelven a aparecer, no se sienten oxidados ni fuera de lugar.

No me reí como cuando era un niño viendo la serie hace quince años, pero sí solté varias carcajadas espontáneas. Y eso ya dice mucho.

Por supuesto, se echa de menos la presencia de Ana Polvorosa. Habría sido interesante conocer también su perspectiva sobre aquella etapa y verla participar en este ejercicio de memoria colectiva. Sin embargo, la película nunca da la sensación de estar incompleta por su ausencia.

Veredicto final

Aída y vuelta no es la película que muchos imaginaban cuando se anunció el regreso de la mítica serie de Telecinco. Y quizá precisamente por eso funciona tan bien.

Paco León ha construido una obra que mezcla realidad y ficción, nostalgia y reflexión, homenaje y autocrítica. Una película que mira al pasado sin quedarse atrapada en él y que demuestra que todavía había algo interesante que contar sobre uno de los fenómenos televisivos más importantes de la historia reciente de España.

Para los fans de Aída es una visita obligatoria. Para quienes disfrutan de las historias sobre el mundo del espectáculo, también. Y para quienes simplemente quieran pasar una buena tarde descubriendo qué ocurrió detrás de una serie que marcó a toda una generación, es una recomendación fácil.

Gracias, Paco León. Porque más allá de la nostalgia, Aída y vuelta consigue algo mucho más difícil: hacer que merezca la pena volver.